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Hablando
sobre organización y práctica en el manejo del colmenar, un tema al cual
el apicultor no debe dejar de atender, es evitar por todos los medios, el
tener colmenas débiles durante la temporada, a sabiendas que con el
correr del tiempo, solo le provocará perjuicios y pérdida de tiempo.
La referencia es a tener y mantener colmenas que, en temporada, no logran
desarrollarse al nivel de colmenas de producción, quedando por distintas
causas, unicamente como cámaras de cría.
Todo comienza cuando el apicultor saca a sus colmenas de la invernada; en
esa revisación, seguramente encuentra colmenas que invernaron muy bien,
otras bien y otras regular.
A partir de esa primera revisación, el apicultor intenta, entre otras
tareas, ir recuperando paulatinamente, aquellas colmenas que no han salido
bien de la invernada. Para ello, trata de ir cubriendo las carencias de
las mismas, ya sea a nivel de población como de alimento, para lo cual
recurre a las colmenas, que ya a esa altura de la temporada, se encuentran
bien desarrolladas, y ebn principio no les afecta mayormente, que les
saquen población y miel.
Es en este punto donde el apicultor debe marcarse un lapso de tiempo límite
para atender este tipo de colmenas; pues si aprecia que después de toda
la ayuda que les brindó, las mismas no han conseguido recuperarse y
desarrollarse, es el momento de tomar una decisión definitiva.
Y esta decisión está referida a la desaparición de estas colmenas, por
medio de la fusión de las mismas, ya que no tiene sentido seguir
atendiendo estas colonias, que para lo único que sirven, es para demorar
el trabajo del apicultor en el resto del colmenar.
En la práctica, el apicultor está perdiendo colmenas, porque con este
sistema reduce su colmenar; pero cabe aclarar que lo que está haciendo es
depurarlo, porque si el apicultor mantiene este tipo de colmenas, alas
cuales no podrá extraerles producción, cuando llegue el momento de
invernarlas, es muy probable, que las mismas no lleguen con vida a la próxima
primavera, con el agravante que, por su escasa población, sean campo de
cultivo, tanto para las enfermedades como para las polillas de la cera.
En cambio, con el simple hecho de fusionarlas, promediando la
temporada, el apicultor aprovecha las abejas de esas colmenas y no permite
que los panales, al darle utilidad, sean atacados por las polillas y
teniendo colmenas fuertes, a corto plazo, recuperará aquellas que fusionó,
haciendo divisiones o núcleos fortalecidos, utilizando el material que en
su momento desactivó.
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