Loque americana


Es la enfermedad más grave que padecen las abejas en su cría; el ataque inicial es dañino, afectando principalmente a la cría operculada, pasando después a las larvas de mayor edad.

Su ataque está circunscrito a las larvas, por lo cual recibe el nombre de Bacillus larvae: no obstante, sus efectos nocivos alcanzan a toda la colonia, pues el material de la misma queda afectado a nivel contaminante, así como los panales y la abeja adulta que no padece la enfermedad pero si puede transmitirla, llevándola de una colmena a otra, bien por el pillaje o por abejas que se equivocan y así pasan de una colmena enferma a una sana, transportando el microbio.
Todas estas circunstancias obligan al apicultor a proceder enérgicamente, y de acuerdo al grado de infectación se llega a eliminar colmenas enteras con fuego.
Cabe destacar que este bacilo adopta una forma de resistencia esporulada que le permite resistir a las más diversas situaciones ambientales durante mucho tiempo, propiedad que hace muy peligrosa a esta enfermedad.
Dicho esporo puede resistir una hora en agua hirviendo y soporta las inclemencias del tiempo sobre los panales, la miel, el polen y el material de las colmenas.
Cuando el diagnóstico es definitivo, la actitud del apicultor es difícil para decidirse pues de una parte están los partidarios de la destrucción por el fuego, y de otra parte están los que aconsejan el tratamiento con específicos, con el fin de recuperar lo infectado.
El problema es conocer hasta donde ha llegado la infección, pues cuando se encuentra cría enferma, la enfermedad lleva tiempo en el colmenar y pueden haber otras colmenas que están gestando la misma enfermedad y en las que aún no se notan los síntomas.
Para determinar la forma de actuar, expongo las normas más aconsejables en general, después cada apicultor determinará el empleo de las que están más a su alcance.
Todo colmenar infectado debe ser inmovilizado: no producir cambio de colmenas, y el material aparentemente sano desinfectarlo convenientemente en la medida que se vaya retirando del colmenar.
Higienizar convenientemente las herramientas de trabajo luego de revisar cada una de las colmenas que componen el apiario.
Al ubicar colmenas enfermas, y habiendo determinado un grado de infección grande, destruir con fuego los panales haciendo un hoyo en la tierra, para enterrar las cenizas después, y flamear convenientemente con soplete el resto de las colmenas infectadas, en las adyacencias del colmenar.
Las colonias aparentemente sanas, tratarlas con específicos, haciendo una verificación permanente sobre el estado de las larvas.
La miel obtenida de ese colmenar, por precaución, no dársela a las abejas. Inmovilizar las colmenas trashumantes, pues estas suelen ser la causa más frecuente de extensión de la enfermedad, ya que lo mismo pueden transmitirla como recibirla. Al mismo tiempo, y bajo ningún concepto, se debe aceptar material de colmenas abandonadas.

Amigo apicultor: Todas estas recomendaciones, en mayor o menor medida, es conveniente que se tengan en cuenta pues en caso contrario, se corre el riesgo de perder colmenas. Evite llegar a este punto